80 años de una línea coherente

El año que termina dejó para el mundo del libro el aniversario de la fundación en México de una de las editoriales más importantes del habla hispana. Sobre su larga historia, el desarrollo local e internacional, la variedad temática trabajada, y el análisis de la situación del sector, hablamos con Alejandro Archaín, Gerente General del Fondo de Cultura Económica de Argentina.

Archaín   ¿Cómo nació el Fondo de Cultura Económica?
– El Fondo de Cultura Económica (FCE) nació el 3 de septiembre de 1934 en México. Fue creado por profesores y estudiantes de la entonces Escuela de Economía, liderados por Daniel Cosío Villegas, a partir de la necesidad de traducir los principales textos de economía que no estaban disponibles en español en ese momento. Para comenzar, solicitan un subsidio al Banco de la Nación de México. Al crearse bajo la figura del fideicomiso con ese Banco público, nace como una empresa estatal. De aquel origen, vinculado a los textos de Economía, toma su nombre, que muchos interpretan de otra manera. Hay quien dice que se debe a la edición de libros baratos. Con el correr del tiempo, sus ediciones fueron ampliándose a otras áreas temáticas como Filosofía, Sociología, Historia, y Literatura. Inclusive desde hace veinte años el FCE publica la colección de obras para niños y jóvenes, A la orilla del viento. Con eso se completaron las áreas temáticas y el ciclo de lectores desde los más chicos hasta los universitarios y lectores en general.

   ¿Cuándo llega a la Argentina?
– En 1945 el Fondo decide abrir una casa fuera de México, y Cosío Villegas piensa en Buenos Aires como el lugar en donde iniciar el camino de la internacionalización. El primer director de la Filial argentina fue Arnaldo Orfila Reynal, quien había conocido a Cosío Villegas en un Congreso de estudiantes que se llevó a cabo en México en 1921. La buena relación establecida allí determina que ante la apertura de una filial en Argentina, se piense en él como director.

   ¿Cómo se desarrollan en los años siguientes hasta acá, incluso a nivel regional?
– Luego de la apertura en Buenos Aires, en 1948 le piden a Orfila Reynal que se traslade a México para dirigir la Casa matriz. Daniel Cosío Villegas había pedido una licencia para viajar por estudios a los EEUU. En Buenos Aires, Orfila es reemplazado por Delia Segunda Echeverry, quién estuvo al frente de la filial de 1948 a 1956. Desde ese año y hasta 1985, la dirección estuvo a cargo de María Elena Satostegui. La sucedieron Héctor Libertella, Alejandro Katz y Leandro de Sagastizábal, hasta que me tocó asumir la dirección en 2009.
Los años siguientes, aquella internacionalización nacida en 1945 en Buenos Aires, sigue en otros países de América Latina, España y los EEUU. Hoy el Fondo de Cultura Económica tiene casa en Guatemala, Venezuela, Colombia, Perú, Chile, Argentina, España, Brasil y Estados Unidos, y está por abrir ahora en Ecuador la casa número 10. También tiene una gran red de librerías en México. En todas las filiales del Fondo hay librerías, como un modo de estar en contacto directo con el público lector.

   ¿Qué grado de integración tienen con las demás filiales?
– La integración es muy grande, tanto con Casa matriz como con las demás filiales. En la Argentina tenemos un programa propio de publicaciones, pero consensuado en un Comité Internacional de Selección de Obras, integrado por México y las demás filiales, con quienes nos reunimos periódicamente. Además, está la interacción comercial, en tanto los libros hechos acá llegan a las otras filiales y también a México. Nosotros importamos la producción mexicana y de otras filiales. Trabajamos como un conjunto, y entre todas las filiales intentamos potenciar el trabajo de las demás.

   Y en los últimos años, en América Latina, ¿hubo cambios en relación a las décadas anteriores?
– Después de los años más terribles de las dictaduras en la región (sin duda los más difíciles), y del desarrollo de la democracia en nuestros países, diría que hubo mejoras en la forma de trabajar, y también algunas dificultades. En los últimos años los problemas han estado marcados por los controles en relación a la importación, por la gran cantidad de trámites y restricciones para traer materiales de afuera. En nuestro caso, dependemos de la producción local, pero también de lo que traemos de México. Ese es un aspecto que de alguna manera ha limitado la posibilidad de la circulación. Nosotros podemos imprimir acá algunos títulos para no importarlos, pero en la medida que tengan una venta en cantidades que lo justifiquen. Hay títulos que tal vez vendemos en cantidad pequeña al año, y no justifican una edición local. Hay obras de literatura infantil que, por lo que requiere su fabricación, es muy difícil producir en el país. En todos esos casos, debemos importarlos. Como contrapatida, en nuestro país hubo un crecimiento del mercado en algunas áreas, y una mayor participación estatal en las compras, sobre todo por el Ministerio de Educación de la Nación a través del Plan Nacional de Lectura. También por parte de la Comisión Nacional de Bibliotecas Populares (CONABIP) y otros gobiernos provinciales y de la Ciudad de Buenos Aires.
Creo que en muchos países de América latina se ha dado este crecimiento, relacionado con una mayor estabilidad política y una participación también mayor de los gobiernos en políticas de fomento de la lectura.

   ¿Cómo fue el desarrollo de la filial argentina?
– Nuestra filial tuvo un desarrollo importante en sus ya casi 70 años de vida. Luego de su primer local en la calle Piedras esquina Independencia, se mudó a la Av. Córdoba, casi esquina Junín, y más tarde a Suipacha 617. De allí se muda al actual edificio de Palermo. Siempre se caracterizó por tener su propio programa editorial con unas treinta novedades al año y un importante plan de reimpresiones. La tendencia editora se incrementó y se consolidó en la Filial en la década de los 90, bajo la dirección de Katz. En esos años creció el catálogo local con la contratación de importantes autores nacionales y extranjeros, Se crearon algunas colecciones como la Serie Breves, Una introducción a la enseñanza y Los nombres del poder. Se tradujo a Foucault, Ricoeur, Baumann, Roudinesco, y otros autores muy importantes que todavía seguimos editando y otros se sumaron en los últimos años. Esa tendencia editora continuará en los años siguientes, incrementando una presencia que se sostiene hasta hoy.

PROGRAMA EDITORIAL

Nos habló de un programa, ¿Cómo lo definiría?
– El programa en Argentina se ha mantenido siempre en una línea de ciencias sociales, ensayo, literatura, ficción, y poesía. Desde hace más de dos años estamos publicando un rescate de narrativa argentina con la Serie del Recienvenido, dirigida por Ricardo Piglia. Pero en general la línea de publicaciones está más orientada Filosofía, Economía, Sociología, Historia y Educación, a través de la publicación de importantes autores argentinos como es el caso de Laclau, Tedesco, Jaim Etcheverry, Luis Alberto Romero, Sibilia, Feierstein, Arfuch, Ferrer y otros.

   Para determinar las ediciones, ¿qué criterios manejan?
– El Fondo siempre tuvo un criterio de calidad y de formación de catálogo. Desde la elección de sus autores, sus títulos, fundamentalmente vinculados al sector académico. Es difícil encontrar alguien dentro de las ramas de la Sociología, o la Filosofía, que no haya estudiado con libros del Fondo de Cultura Económica. Además de los títulos clásicos, se crearon otras colecciones que se mantuvieron a lo largo del tiempo como Breviarios, Tierra Firme, Letras mexicanas, las de Filosofía, Sociología o el Trimestre económico. Es decir, colecciones que se transformaron en emblemáticas dentro de las ramas del saber. Con estas se formaron varias generaciones de estudiantes. En el campo de la literatura Juan Rulfo, Octavio Paz, Rosario Castellanos, Carlos Fuentes, y otros grandes escritores mexicanos publicaron sus primeras obras con el Fondo de Cultura Económica.
Nosotros, en la Filial argentina tratamos de mantener una línea coherente. Es una responsabilidad muy grande mantener ese nivel de publicaciones, con un catálogo tan respetable, con tanta tradición y que ha publicado en su historia de ya 80 años más de diez mil títulos. Tengo un excelente equipo de colaboradores en las distintas áreas y puntualmente en la editorial formamos un Comité editorial junto con Mariana Rey y Horacio Zabaljáuregui. Un equipo que discute los proyectos y analiza las alternativas de contratación y de armado del Plan editorial. Desde hace ya muchos años participamos de la Feria del libro de Frankfurt y mantenemos relación con editoriales y agentes del exterior.

2014, Y LO QUE VIENE

¿Cómo resultó este año?
– Tuvimos los avatares y problemas que marca una situación económica con alta inflación y controles a la hora de importar. Sin duda hubo un fuerte crecimiento durante varios años seguidos, pero a partir del 2011 se han sentido las dificultades. Este año hubo un retroceso en cuanto al consumo, pero ha sido en general. Eso lo sentimos en la Feria del Libro, y con el correr del año en el canal comercial tradicional.
Como contrapartida, tuvimos una buena presencia en las licitaciones del Ministerio de Educación, lo que nos permitió colocar allí una buena cantidad de títulos infantiles y también en la CONABIP. El año termina muy bien con el éxito de El capital en el siglo XXI, de Thomas Piketty, que se está vendiendo muy bien y se reimprimió en una semana. Otros títulos de reciente publicación y que andan muy bien son, por ejemplo, Mafalda: historia social y política, de Idabella Cosse, Controversias sobre desigualdad, de Gabriel Kessler, El final de la modernidad judía, de Enzo Traverso, Antología personal, de Ricardo Piglia. Publicamos durante el año otros importantes títulos como es el caso de Justicia para erizos, de Ronald Dworkin o La casa y la multitud, de Anahi Ballent y Jorge Liernur. Se ha incrementado la Serie del Recienvenido, que dirige Piglia, llegando en diciembre al título número doce. También ha crecido la Serie Viajeros (dirigida por Alejandra Laera) con la publicación de Camino hacia una tierra socialista. Escritos de viaje, de César Vallejo.
A nivel más general la Argentina tuvo un año con un importante protagonismo a nivel internacional con su participación como país invitado de honor en las Ferias de París y Guadalajara. Algo importante para profundizar la presencia en otros mercados.

   En relación al sector, ¿cómo le parece que estuvo?
– Creo que a los problemas económicos, a las expectativas no favorables debido a la inflación, que influyen en los temores del consumidor, lo que hablábamos de la importación y los controles y la caída del consumo, podemos contraponer un Sector y un mercado dinámicos que tratan de adaptarse a las grandes transformaciones por las que atraviesa el Sector. Presencia del libro digital, nuevos actores vinculados a esos modos de lectura, concentración en grandes grupos y surgimiento de pequeñas editoriales. También lo que ya mencionamos sobre la participación del Estado a través de organismos públicos. Todo hace un conjunto variado y con contradicciones. Dificultades y oportunidades se presentan juntas

   ¿Qué perspectiva ven para el próximo año?
– Nosotros vemos buenas perspectivas. Hay una tradición lectora en Argentina, un mercado y un canal librero importante. Si bien se habla mucho de la amenaza del libro electrónico, creo que al menos habrá una coexistencia de soportes. Nosotros estamos digitalizando y el Fondo de Cultura Económica tiene una gran cantidad de títulos disponibles en formato electrónico. Sin embargo, creemos que siguen las posibilidades de desarrollo del libro en papel. Estamos trabajando muy fuertemente para concretar la construcción de una librería propia en Buenos Aires. Tan sólo ese proyecto marca nuestro optimismo hacia adelante, no solo en el país, sino también en el Sector editorial y librero.
Hay mucho para hacer. El Fondo de Cultura Económica acaba de cumplir sus 80 años en 2014 y la Filial Argentina cumplirá los 70 en 2015. Toda una trayectoria y una gran tradición que esperamos sostener e incrementar.

   Nos habló de cambios en las librerías ¿Cuáles cree que son?
– Hay librerías que desde hace ya mucho tiempo incorporaron cafetería y otro tipo de productos. Se verá de qué manera se transforman en un lugar donde se pueda vender el libro electrónico, y dar información para los lectores que quieran bajar contenidos. Todo eso irá transformando la librería como lugar de información, de encuentro. Esa tendencia creo que se va a profundizar. Hay hoy un lector que cuenta con más información, rápida y al alcance de su mano. Un lector que al estar más informado, se hace más exigente y que demanda de otra manera. Seguirá siendo muy importante el rol orientador del librero, del especialista. Más aún cuando cada vez es más grande la cantidad de títulos que se lanzan al mercado y la gran variedad de contenidos y alternativas que se ponen a disposición de los lectores.

   Este año ustedes organizaron una teleconferencia con Carlo Feltrinelli donde, entre otros temas, hablaron de nuevos tipos de librería y otras iniciativas de esa empresa. ¿Ustedes tiene proyectos en relación a eso?
– Sí, aquella vez se habló de las características nuevas de las librerías. Supongo que habrá muchos modelos, muchas formas. En los últimos años ha habido cambios importantes, por el libro electrónico y por cambios en los hábitos, en la comercialización, y en la forma de consumo. No sabemos cómo serán las nuevas formas de lectura, sobre todo porque las nuevas generaciones incorporan más rápidamente las nuevas tecnologías de lo que las incorporamos nosotros. Nadie tiene la última palabra, ni puede adivinar qué puede pasar en 20 o 30 años. Lo cierto es que permanentemente se buscan alternativas para actualizarse. Qué cambios hacer para estar un poco más acorde con las nuevas demandas, sobre todo de ese consumidor del que hablábamos recién. Eso genera que el consumidor sea también, más segmentado, más parcializado de lo que era antes. Eso se ve en las tiradas, ya que hay más variedad de títulos y se han reducido las tiradas. Todo esto nos exige permanentemente, a quienes estamos pensando en esto de cómo satisfacer la demanda, y en el caso nuestro manteniendo la coherencia y la calidad de una editorial de catálogo, con una larga tradición en el terreno de la lengua española.

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